febrero 10, 2010

Impunidad, el sello de la casa


por Isabel Dorado Auz

 

            No hace mucho, Alejandro martí les dijo: "si no pueden renuncien". Lo que no valoraba este ilustre empresario es que a quienes usurpan el poder  poco les importa lo que piensen los representados, porque en un sentido estricto ellos no representan el sentir de las mayorías y sus compromisos solo tienen que ver con los intereses de unos cuantos. Por eso, a veces, realmente harta esa incontinencia verbal del espurio que reparte a diestra y siniestra soluciones banales a los grandes problemas que enfrenta la nación.

            Lo preocupante es que el resto de las fuerzas políticas padecen el mismo síndrome del espurio y poco o nada aportan para la solución de fondo de los problemas. Antes bien, contribuyen al juego mediático y la impunidad se ha convertido en el sello característico de este sexenio que va que vuela para rebasar a Vicente Fox en cuanto a lo que no se debe hacer con el "no poder"  político.

            Lo más triste es que miles de jóvenes, arrastrados por la actual crisis, no encuentran otra solución que engrosar las filas del narcotráfico y están aportando también la sangre que requiere la ultraderecha para justificar una guerra que estaba perdida desde el momento en que su utilizó para legitimar a un "presidente" surgido del fraude electoral de 2006. No pudieron imitar lo hecho por Carlos Salinas de Gortari dos sexenios atrás y los delitos sin resolver crecen como la desesperanza del pueblo mexicano.

            Podríamos hablar del caso de Pasta de Conchos, donde todavía las autoridades no nos dicen quien o quienes fueron los culpables de la muerte de un buen número de mineros, o irnos a Ciudad Juárez con la ola de feminicidios y, últimamente, la muerte de varios jóvenes preparatorianos o culminar en Sonora donde un líder campesino, Margarito Montes Parra, fue acribillado, con todo y familia, sin que hasta hoy nos den reporte de los posibles responsables. Sin olvidar, el caso más apremiante en relación con la muerte de 49 niños en la Guardería ABC de Hermosillo. Pareciera que el reclamo, en todos los casos, ya suena a disco rayado, pero hasta cuando podríamos cansarnos de denunciar todas estas arbitrariedades sin sentir la culpa colectiva por permitir que quienes no tienen soluciones sigan desgobernando este país.

            No obstante las denuncias, la "clase política" nos regala, de vez en cuando, algunas sorpresitas. Ahora resulta que el encargado de la seguridad pública estatal de Chihuahua deja el cargo para irse de candidato a alcalde de Ciudad Juárez, esto es, el responsable de combatir la delincuencia en la ciudad más peligrosa del mundo deja el puesto para buscar seguir siendo deficiente, pero ahora cobrando como alcalde. Me recuerda lo que hoy está pasando en Sonora, donde el actual gobernador decidió extenderle un año más el periodo de gobierno a Eduardo Bours y mantiene en la procuraduría a Abel Murrieta, el mismo que enredó la investigación en torno a los sucesos de la guardería ABC y se dedicó a criminalizar la protesta social.

Impunidad, pues, como característica del estado fallido que estamos padeciendo. Mientras tanto, se siguen acumulando crímenes por parte de los potentados, quienes siempre reciben el "apoyo" de un sistema de justicia bastante viciado, donde un líder social, en Atenco, recibe una condena de más de 100 años por oponerse a la construcción de un aeropuerto y el gobernador de ese estado, principal responsable de la represión, se promociona como una estrella más en la ruta a la sucesión presidencial. Tiempos difíciles que nos toca enfrentar, para lo cual requerimos dar una respuesta frontal que nos permita salir del hoyo en el cual estamos inmersos.

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