febrero 10, 2008

Falsa, la urgencia de privatizar Pemex


Los dos grandes ejes que impulsan la apertura de Pemex al capital privado extranjero son falsos, señalan investigadores: la tercera mayor productora de crudo en el mundo sí tiene capacidad económica –cuenta con un superávit de 300 mil millones de pesos–, mientras que el supuesto riesgo que corren los pozos transfronterizos compartidos con Estados Unidos es ficticio, pues la industria mundial carece aún de tecnología para explotar yacimientos ultraprofundos


Nancy Flores / Contralínea
La paraestatal más importante del país y tercera empresa productora de crudo en el mundo, Petróleos Mexicanos (Pemex), es incompatible con el modelo económico impuesto desde la administración de Carlos Salinas de Gortari, señala Fabio Barbosa Cano, investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Especialistas en el sector energético coinciden en que ésta es la razón que impulsa la apertura de la empresa al capital privado extranjero y no la falta de recursos o la incapacidad tecnológica. Los “argumentos” esgrimidos para legalizar en breve la privatización de la industria petrolera mexicana son falsos, indican.

Además de facturar casi 38 mil millones de dólares anuales sólo por exportaciones de petróleo, Pemex tiene un superávit de 300 mil millones de pesos acumulado desde 2002. Más aún, ni siquiera existe el riesgo de perder los yacimientos transfronterizos (los que se encuentran en la frontera de México y Estados Unidos): la industria mundial carece aún de tecnología para explotar pozos de más de 3 mil metros de profundidad, característica de los campos detectados en la frontera del golfo de México.
“No hay sustento en términos del capital que se necesita. Es la apertura por la apertura misma, porque capital hay. El dinero sigue y seguirá entrando. El problema es que desde hace cinco años Pemex tiene un superávit obligado de 300 mil millones de pesos, distribuido en instrumentos financieros”, dice Víctor Rodríguez Padilla, doctor en economía de la energía por la Universidad de Grenoble, Francia.
El investigador de la Facultad de Ingeniería de la UNAM detalla que la paraestatal no invierte estos aproximadamente 30 mil millones de dólares, porque la Secretaría de Hacienda y Crédito Público se lo impide: así se mantiene estable el déficit fiscal de México.
La rentabilidad de Pemex se refleja en sus números. El 21 de enero pasado, la paraestatal informó que sólo en el ejercicio 2007 ingresaron a sus arcas 37 mil 947 millones de dólares por exportaciones de crudo.
John Saxe Fernández, investigador del Instituto de Investigaciones Interdisciplinarias de la UNAM, apunta que la sola inversión de los excedentes petroleros de un año sacaría adelante a Pemex, sin recurrir a la iniciativa privada.
El año pasado, cada una de las 32 entidades federativas de México recibió poco menos de 11 mil 500 millones de pesos por excedentes petroleros, mientras que al Fondo de Estabilización de Ingresos se aportaron 17 mil millones de pesos.
El doctor en estudios latinoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM dice que quienes dirigen los instrumentos de Estado del país lo hacen en función de la tasa de ganancias. “Están para hacer negocios, no para responder a las necesidades del país”.
Saxe Fernández agrega que esta apertura responde a los intereses de Estados Unidos, plasmados en pactos internacionales como el Acuerdo para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte.



Privatización silenciosa

La privatización de la paraestatal está en marcha. Alfredo Hernández Peñaloza, presidente de la Unión de Trabajadores de Confianza de la Industria Petrolera, advierte que más del 60 por ciento de las actividades de perforación, reparación y mantenimiento de pozos ya las realizan compañías extranjeras.
“Esa actividad ocupa más del 70 por ciento del presupuesto de Pemex Exploración y Producción (PEP), la subsidiaria que recibe más dinero de todo Pemex. No podemos prever la privatización, porque lo que buscan es legalizar el proceso privatizador que desde hace años se ha dado de manera inconstitucional.”
De los 50 equipos de perforación que operan en el golfo de México, sólo cuatro o cinco son propiedad de la paraestatal, dice el académico Fabio Barbosa. Algunas de las más recientes obras licitadas por PEP en el golfo de México revelan esta privatización silenciosa:
Sobresalen las licitaciones 18575008-016-07, para arrendamiento de una plataforma de perforación marina con capacidad mínima de 20 mil pies; 18575108-050-07, para rehabilitación a plataformas y centros de proceso en instalaciones costa fuera en la Sonda de Campeche; 18575108-053-07, para adecuación de instalaciones y obras complementarias en centros de proceso y plataformas satélites marinas; 185751208-058-07, para instalación, recuperación, adecuación, reacondicionamiento y mantenimiento de las estructuras, equipos, líneas de proceso y servicios de apoyo a la operación; 18575095-028-07, de servicio integral para separar, rectificar, comprimir e inyectar gas natural húmedo amargo en pozos de la región sur.
John Saxe Fernández explica que este esquema de privatización que opera desde hace años en la paraestatal, llamado outsourcing, ha desplazado y prácticamente desalojado a los técnicos y trabajadores petroleros. Al tiempo de esta apertura, la paraestatal ha desmantelado su propia infraestructura; el ejemplo más dramático, dice, es la industria petroquímica.
En mayo del año pasado, ya en el gobierno de Felipe Calderón, Pemex inició el proceso de desmantelamiento y cierre de la planta petroquímica de ciudad Camargo, Chihuahua, que dejará sin empleo a 5 mil personas.



Yacimientos, el botín

El potencial petrolero en riesgo por la apertura a la inversión privada no es menor. “Los estudios nos muestran que México sí tiene petróleo, y mucho: sumando nuestras reservas totales con los recursos prospectivos, los mexicanos somos propietarios de casi 100 mil millones de barriles de petróleo crudo equivalente. Esta cifra nos permite contar con hidrocarburos durante más de 60 años a los ritmos de producción actual”, reconoció hace tres meses la secretaria de Energía Georgina Kessel.
Al inaugurar el 39 Foro Nacional de la Industria Química, el pasado 25 de octubre, la funcionaria aseguró que “estos hidrocarburos, en su mayoría, se encuentran en las aguas profundas del golfo de México. Más de la mitad de los recursos prospectivos se localizan en esta zona, y de éstos, el 88 por ciento se encuentra en tirantes de agua de mil metros o más”.
Éste es el botín que quieren las trasnacionales petroleras, indica Fabio Barbosa. El experto en el análisis de reservas de petróleo explica que internacionalmente no existe tecnología para explotar pozos ultraprofundos, como los transfronterizos.
Dice que el campo Trident –localizado en el bloque 903 del Cañón de Alaminos, a sólo 6 kilómetros de la línea fronteriza entre México y Estados Unidos y cuya perforación inició en agosto de 2001– lleva seis años descubierto sin posibilidades de explotación.
Desde entonces la inversión de Unocal –empresa adquirida en 2005 por Chevrón Texaco–, por 35 millones de dólares, en este campo, localizado a 3 mil metros de profundidad, está frenada.
“Todavía no hay tecnología de desarrollo de explotación para aguas ultraprofundas, de tal manera que todo el discurso (con el que justifican) la urgencia (de la privatización) es una falacia. Trident, el que está más al sur de estos campos, lleva seis años parado”, explica Barbosa Cano.
El investigador detalla que los 33 campos descubiertos en la frontera, del lado de Estados Unidos, están en tirantes de agua de 2 mil 800 a 3 mil metros, todos tienen crudo y están anunciados como descubiertos.
“El récord de desarrollo, que es la profundidad a la que se está desarrollando el proyecto más avanzado en el mundo, en este momento es de 2 mil 400 metros. A estos equipos les faltan 500 metros para alcanzar la profundidad de los pozos transfronterizos. Sí la van a ir alcanzando, pero gradualmente. Hace ocho años –dice– el récord era de 2 mil metros”.
Fabio Barbosa Cano añade que Pemex sí explota aguas ultraprofundas. Prueba de esto, cita, es el campo Lakach-1, ubicado a 988 metros de profundidad, en la región marina suroeste del golfo de México.
En el Reporte anual que se presenta de acuerdo con las disposiciones de carácter general, aplicables a las emisoras de valores y otros participantes del mercado para el año terminado el 31 de diciembre de 2006, Pemex indica que “el programa de exploración de 2006 consistió en explorar tanto las regiones terrestres como marinas, incluyendo las aguas profundas en el golfo de México, en donde se descubrieron nuevos yacimientos al perforar el pozo Lakach-1”.
Agrega que “las actividades de PEP se enfocaron en encontrar formas eficientes para identificar fuentes potenciales de hidrocarburos. La actividad exploratoria permitió incorporar 182.9 mil millones de barriles de petróleo crudo equivalente de reservas probadas durante 2006”.
En el capítulo de “Exploración en aguas profundas”, el Reporte de resultados financieros de Pemex, al 30 de septiembre de 2007, dice que el pozo Lalail-1, con una profundidad de 3 mil 789 metros, en un tirante de agua de 806 metros, resultó productor de gas no asociado. Lalail es el cuarto campo descubierto en aguas profundas, además de Nab, Noxal y Lakach, detalla.



Inminente privatización

El 9 de enero de 2008, los diputados panistas Alonso Manuel Lizaola de la Torre y Carlos Alberto García González publicaron, en la Gaceta Parlamentaria, el Proyecto de decreto que reforma diversos artículos de la Ley Reglamentaria del artículo 27 constitucional.
La iniciativa busca posibilitar los convenios de unitización para la explotación de yacimientos transfronterizos. Según los legisladores, “para México, el poder realizar convenios de unitización para la explotación única y exclusiva de yacimientos transfronterizos es sumamente importante y benéfico, ya que significa estar en condiciones, tanto financieras como técnicas, para explorar y explotar oportuna y eficazmente los yacimientos transfronterizos”.
Entrevistados por separado, Rodríguez Padilla, Saxe Fernández, Barbosa Cano y Hernández Peñaloza coinciden en que difícilmente se frenará la apertura al capital privado extranjero. México es como una colonia de Estados Unidos, indica Saxe Fernández: “La diferencia entre una nación soberana y una colonia es que la última no hace política económica, exterior ni defensa nacional”.
Fabio Barbosa explica que la clase política ha elegido 2008 para esta “gran refriega”, porque ha llegado a un acuerdo que se expresa en el último documento del Partido de la Revolución Democrática, que en su décimo congreso aprobó el proyecto de unitización. Ésta, dice, considera al yacimiento como una unidad y quiere decir que una empresa de cualquiera de los países involucrados se va a hacer cargo de la explotación; el otro país, enterado de los planes, va a pagar costos y a recibir recursos.
El investigador apunta que el pacto entre los políticos mexicanos se dio tiempo atrás, sobre todo entre los 31 gobernadores y el jefe de gobierno del Distrito Federal, luego de que Felipe Calderón asumiera la Presidencia de México, entre acusaciones de fraude electoral.
Explica que en 2006, ante la inestable situación del país, se intentaron tres reformas importantes: la del Estado, que pretendía avanzar hacia un sistema semiparlamentario; la fiscal, que debía eliminar la barbarie de las grandes empresas y aliviar la carga fiscal de Petróleos Mexicanos, y la del régimen tributario de Pemex, que le garantizaría recursos para inversión.
“Este ambicioso proyecto fracasó; se hundió completamente”. El académico señala que como consecuencia de eso, se empuja a Pemex al endeudamiento, la supuesta quiebra y la reforma a favor del capital privado extranjero.
Fabio Barbosa agrega que “no se requieren reformas a la Constitución para permitir (la privatización), incluso ni siquiera la participación del Congreso, porque (la unitización) es un acuerdo que negocia la Secretaría de Relaciones Exteriores con el gobierno de Estados Unidos. Es facultad del Ejecutivo mexicano llevar la negociación en secreto, porque involucra problemas aún no resueltos, secretos comerciales, técnicos. Y hasta que esté concluido el convenio lo pasan al Senado, donde ya tienen ganada la discusión, para su aquiescencia y acuerdo”.
Por eso eligieron este momento, dice, lo único que los ha detenido es el temor a las protestas en las calles. “La joya de la corona es el petróleo, por eso están militarizando al país. En el presupuesto 2008 las partidas más sustanciales están dedicadas a las instituciones que tienen que ver con vigilancia, control, represión, equipo militar, armamento. Están dispuestos a bañar en sangre al país con tal de apoderarse de la renta petrolera y compartirla con los extranjeros, para que ellos no tengan que invertir. No van a vender la industria petrolera, van a abrir contratos en el golfo de México y en otras áreas muy importantes, como Chicontepec”.

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