octubre 03, 2010

Censura para AMLO, promoción para Peña Nieto

Ojo por ojo

Álvaro Cueva  /  Milenio

Se me hace una injusticia que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación haya censurado los spots de televisión de Andrés Manuel López Obrador.
¿Qué tiene de malo que el señor nos explique sus ideas a través de estos mecanismos?
Independientemente de que estemos de acuerdo o no con sus propuestas, El Peje no es secretario de nada, ni gobernador ni anunciante.
Por tanto, no tiene la posibilidad de hacerse promoción como otras personas en su carrera rumbo a la elecciones de 2012.
Esto lo coloca en una desventaja pavorosa y nos obliga a pensar que las próximas elecciones presidenciales ya están arregladas en términos de comunicación.
Fíjese lo que está pasando: en el México del siglo XXI los únicos que tienen acceso a hacerse publicidad en los medios tradicionales como la radio y la televisión son los políticos que ya tiene puesto.
Ni usted ni yo, ciudadanos comunes y corrientes, estamos en la posibilidad ni de promovernos ni de proponer.
Ni políticos, ni empresarios ni intelectuales que no tengan hueso, se pueden expresar ni se pueden anunciar libremente.
¿Esto es democracia? ¡Por supuesto que no! Es el gobierno de unos cuantos. ¿Dónde está la equidad? ¿Dónde está la diversidad? ¿Dónde está el concierto de voces?
En este afán de controlar los mensajes de todo el mundo, a nuestras autoridades se les está pasando la mano y están bloqueando muchos de nuestros más elementales derechos.
¿Cuál es el problema de que alguien, si tiene el dinero, vaya a un canal de televisión y compre tiempo para ganarse nuestra confianza?
Sí, falta mucho para 2012, pero el contexto en el que vivimos demanda que, desde ahora, se discuta lo que vamos a hacer cuando se vaya Felipe Calderón.
Si nos esperamos hasta que el IFE nos dé permiso de expresarnos, ya va a ser demasiado tarde. Los secretarios y gobernadores que se estuvieron haciendo publicidad desde antes, llevarán las de ganar en cuanto a popularidad y reconocimiento. ¡No se vale!
Y ésta no nada más es una cuestión de Andrés Manuel López Obrador, porque la autoridad electoral ha censurado hasta a Felipe Calderón. Es un asunto de todos.
No sé usted, pero yo preferiría que, en lugar de tanto control, viviéramos en un régimen de libertad absoluta donde, el que quisiera, comprara transparentemente sus espacios y nos dijera lo que nos quisiera decir.
Sería fabuloso porque nos daría nuestro lugar como ciudadanos inteligentes capaces de discernir entre los mensajes que llegan constantemente a nuestros hogares y porque volvería a estimular la competencia entre nuestras televisoras y radiodifusoras.
Ahora, gracias a nuestra bendita autoridad electoral, no tenemos spots, pero tenemos noticiarios y mesas de análisis donde no sabemos qué se está diciendo porque realmente sea noticia, ni qué porque haya dinero de por medio.
Y la televisión no gana tanto como debería, y la radio tampoco. Y los nuevos medios, como la internet, se fortalecen más por esta clase de bloqueos que por una cuestión de libertad de expresión o de negocios.
Volvamos al libre mercado. Dejemos que López Obrador hable, pero también que hablen los del PAN, los del PRI, los de los otros partidos, las universidades, los ciudadanos, los empresarios.
Usemos los medios como se tienen que usar, no para hacerle promoción a una figura como la de Enrique Peña Nieto a través de un pretexto tan bobo como su boda.
¿El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación va a impedir que la boda de este señor aparezca en radio y televisión? ¿Por qué? ¿Porque es un gobernador? ¿Porque su esposa es una actriz?
¿Porque los spots sí son propaganda y las notas de sociales no? ¿De veras hay alguien que piense que posicionar al señor Peña Nieto como el galán de México, como el marido de La Gaviota, no influye en su imagen política?
¡Por favor! ¡Ahora resulta que la comunicación emocional no existe y que esta clase de espectáculos son eventos privados que sólo le interesan a los novios!
En resumen, como vivimos en tiempos de censura, López Obrador se va a tener que casar de aquí a diciembre, Marcelo Ebrard va a tener que ser padre antes del próximo verano y todo aquel que aspire a llegar a 2012 va a tener que hacer de todo, menos política, para triunfar en el mundo de la política. ¿Así o más absurdo?
¡Atrévase a opinar!
alvarocueva@milenio.com

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