julio 13, 2011

Gracias, Facundo

po Isabel Dorado Auz

            No recuerdo el momento exacto en que escuché por primera vez tu voz. Sin embargo, a partir de entonces, puedo decir que contribuiste, en gran medida, en un cambio de actitud personal que me llevó por un sendero que me permitió cosechar una gran cantidad de amigos.

Siempre quedó grabada en mi mente aquella frase que le atribuías a Diógenes, de quien decías que le causaba mucha risa ir al mercado y encontrar tantas cosas que no necesitaba. Era pues, una crítica certera al consumismo. Además, aprovechabas tus experiencias personales para hacernos reflexionar sobre nuestra problemática cotidiana. Por ejemplo, cuando mencionas, en palabras de tu madre, que tu padre lo mejor que hizo en la vida fue irse, le dabas un valor muy importante al papel que les toca jugar a las madres solteras para sacar adelante a sus hijos. Resalta el hecho que describes cuando tu madre te dice te dará el segundo regalo más valioso que pueda darte, el primero fue la vida y el segundo dejarte ir a vivir tu propia vida.

Dice Granados Chapa que no podrías ser considerado un cantante de protesta, tal y como si lo fueron Violeta Parra y Víctor Jara a quienes el periodista considera como símbolos de ese género musical. Creo que todo tu canto y toda tu prosa, además de tu vida misma, constituyen una protesta en contra de este mundo que cada vez es más desigual, solo que tú no recorriste el camino de las reivindicaciones políticas y le apostaste más al ser humano. Algo muy parecido a lo que el poeta Javier Sicilia ha recurrido últimamente y que le ha traído una serie de críticas de los movimientos de izquierda. Hacer conciencia de las miserias humanas no es cualquier cosa, y tú contribuías enormemente en denunciarlas permanentemente. Siempre que te veía me hacías recordar a Raskolnikov, el personaje central de la excelente novela de Dostoweisky, Crimen y Castigo. Personaje que vive la peor de las miserias y que no tuvo la fortuna de encontrar el camino del canto y la poesía para convertirse en lo que tú siempre fuiste un ciudadano del mundo.

Es fácil creerte cuando nos dices que las canciones llegaban a ti. Estaban a tu lado y tu solo le dabas cause a una realidad que se presentaba terca para pedirte que fueses tú quien la interpretara. La más terca de todas fue aquella que te describía perfectamente "…No soy de aquí ni soy de allá no tengo edad ni porvenir y ser feliz es mi color de identidad…". Siempre creíste en dios, lo cual es muy lógico, tú representas lo que verdaderamente puede ser considerado un milagro, solo que ese dios a quien tanto aprecias no se parece en nada al dios que nos quieren vender desde los medios de comunicación. Quizá hoy tengas un motivo más de agradecimiento hacia ese Señor al que tanto amaste, podrás interpretar tu muerte material como una señal de ese benefactor que mandó a un siniestro personaje a quitarte la vida para que pudieras dejar de lado ese sufrimiento que te ocasionaba la enfermedad que padecías.

Sea como fuere, solo atino a decir que inicias, junto con otros grandes de la música y la poesía el camino que los hace inmortales, esto es, dejarnos siempre una luz que guíe nuestra propias vidas y quizás algún día comprenderemos ese mensaje de amor que siempre profesaste, pero sobre todo entendamos lo valiosos que somos como seres humanos.

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