diciembre 24, 2008

El ejercito del gobierno pierde la batalla

FECALH, DESESPERADO

Pedro Echeverría V.

1. Crece aceleradamente el desempleo y la miseria entre la mitad de la población mexicana con alrededor de 107 millones de habitantes. El crecimiento del país, si se promedian los ocho años de gobiernos panistas, está alrededor del 1.5 por ciento, cuando México necesita un crecimiento de por lo menos ocho por ciento para que pudiera comenzar a recuperarse. Basta con saber que México necesita crear millón trescientos mil empleos anuales para compensar el crecimiento de la población y sólo se crean de 300 a 600 mil. Pero a los gobiernos del PAN y del PRI, al servicio de los más grandes empresarios, les importa un bledo lo que pasa. En cada estado de la República, usando grandes mantas, se ofrecen vacantes e ingresos seguros en el ejército mexicano. No se sabe el número de miembros que pertenecen a las nóminas de ese cuerpo militar y es casi imposible saberlo por aquello de la “seguridad nacional”, pero por números dispersos que aparecen en los periódicos es posible que sean unos 700 mil elementos, quizá 200 mil comisionados en las diferentes policías.


2. El actual ejército tiene una larga historia. Al parecer sus orígenes pueden ubicarse en aquel acto encabezado por Álvaro Obregón quien firmó los Tratados de Teoloyucan aquel mes de agosto de 1914 a raíz de que Carranza triunfó sobre sus oponentes. Conociendo la “traición”, “debilidad” o “ignorancia” de Madero, que en mayo de 1911 licenció o desarmó a las fuerzas revolucionarias para dejar intacto al ejército de Porfirio Díaz (dictador derrotado), Obregón ordenó el desarme del viejo ejército y creó uno nuevo que puso a las órdenes de las fuerzas Constitucionalistas triunfantes. La revolución creó a su ejército, mismo que le sirvió para destruir a las corrientes populares de esa misma Revolución: primero enfrentó y derrotó a Villa para luego lanzarse contra el zapatismo. Triste labor de las fuerzas armadas por no poder adoptar una posición independiente de las corrientes en pugna. Desafortunadamente el ejército mexicano no ha tenido la independencia y capacidad para discernir entre los intereses del pueblo y los del gobierno y sólo ha actuado en función de los intereses de éste.

3. Se ha dicho con mucha demagogia que el ejército mexicano es el pueblo armado porque el 90 por ciento de sus soldados son de origen campesino e indígena y ese dato podría ser correcto. Pero lo que no se dice es que sus más altos jefes obedecen ciegamente al poder político y económico de la clase dominante. No hay poder más vertical, jerárquico, dogmático, autoritario y hasta cierto punto, despótico y dictatorial, que el que se pone en práctica en las estructuras del ejército. La ignorancia, la disciplina y la obediencia, pero también el tener un ingreso económico seguro, hace que los soldados obedezcan ciegamente las órdenes de sus jefes y éstos las instrucciones del poder político. Los conceptos patria, bandera, himno, son llevados hasta los niveles más altos de imposición autoritaria. No hay margen alguno para analizar, reflexionar o adoptar un pensamiento crítico. ¿Cómo pedir al ejército que no reprima a su pueblo si el “lavado de cerebro” que ha sufrido de sus jefes militares de México y de EEUU lo ha convertido en autómata?

4. Pero ahora lo alarmante para los más altos jefes de la institución es la enorme cantidad de soldados y oficiales medios que están desertando del ejército del gobierno para pasar a formar parte del cuerpo militar de los grupos de narcotraficantes. Estos se han convertido en verdadero azote al brazo armado del Estado y del gobierno mismo Son varios cientos de soldados y policías lo que han sido muertos y decapitados y otros centenares han desertado convirtiéndose en elementos entrenados para combatir a sus propios ex compañeros milicos. A pesar de que el presidente ilegítimo Calderón, para defender su política y no reconocer su derrota, sigue hablando de que “no dará un paso atrás”, la realidad es que está buscando alguna salida “airosa” para no quedar en ridículo y debilitar más su gobierno. Parece comenzar a desesperarse por la enorme deserción y ahora exige vigilancia contra esos militares que desertan o renuncian al ejército. Aquel ejército que tanto propagaba su patriotismo y honestidad, en los últimos dos años, ha ridiculizado a esa institución.

5. La realidad es que ningún país debería gastar tanta plata en sus fuerzas armadas. Algunas naciones se las han arreglado sin ejército porque, según se ha dicho, éste debe servir sólo para defenderse de alguna agresión extranjera. México usó al ejército para defenderse de la invasión europea, en particular de la francesa entre los años 1862/67; pero sobre todo de las grandes amenazas e/o invasiones yanquis en 1836, 1847, 1914 o 1923. Pero el ejército, en la práctica, nada pudo hacer (quizá sólo el ridículo) frente a los franceses y yanquis. ¿De quien se defenderá hoy México si la tecnología de guerra está muy por encima de cualquier país medio o pequeño? ¿Se defenderá de las bombas nucleares de sus vecinos? Lo que sucede es que el ejército se ha transformado en un cuerpo armado que en lugar de estar al servicio del pueblo mexicano, se ha puesto al servicio de cada gobierno en turno. Por ese motivo cada gobierno lo ha usado a su antojo: ahora para combatir el narcotráfico, pero en otros momentos para bloquear las luchas de la población y para reprimirla.

6. Dado que en decenios anteriores el ejército se la pasaba encerrado en sus cuarteles, sólo consumiendo una gran parte del presupuesto público y haciendo algunos trabajos de auxilio a la población, se le mantuvo cierto respeto como institución; sin embargo, a partir de que se agravaron los problemas internos del país porque el pueblo comenzó a sufrir un enorme desempleo, su miseria se incrementó, su nivel de conciencia de lucha se hizo mayor y los problemas de inseguridad y narcotráfico crecieron, el ejército empezó a ser utilizado de manera abierta y miles de sus miembros fueron usados para integrarse a los órganos policiales. En ese momento aquel respetado ejército comenzó a perder su prestigio y a ser cuestionado en el país. Muchos oficiales de altas graduaciones han sido denunciados, descubiertos, incluso encarcelados porque sus acciones ligadas al narcotráfico han sido evidentes y probadas. Aún más, muchos altos miembros de las fuerzas armadas, ante la gran descomposición de la institución, han proporcionado suficientes datos al respecto.

7. El ejército ocupa hoy las calles y plazas del país. Vivir en los estados de Guerrero, Chiapas, Oaxaca, Michoacán, Veracruz, Sinaloa, Estado de México, etcétera, significa vivir en medio de las amenazas y del terror a las confrontaciones armadas y a sufrir un cateo domiciliario sin portar orden judicial alguna. En las carreteras los camiones y camionetas llenas de soldados son una constante, así como los retenes militares que se encargan de revisar los vehículos y a las personas, pueden encontrarse donde menos se imagina el viajero. Es terriblemente molestoso bajar de los vehículos, saberse apuntado por un arma, obedecer la orden de abrir las piernas y poner los brazos en alto para resistir una revisión. Es muy preocupante que los mexicanos que producimos la riqueza de este país estemos sintiendo que estamos viviendo en un país ocupado, en guerra civil o en Estado de sitio. ¿Cuánto tiempo más tendremos que soportar esas condiciones humillantes para la inmensa mayoría de los mexicanos que queremos vivir en paz?

8. No se pueden adelantar juicios u opiniones seguras o serias acerca de lo que pasará en los próximos meses. Las presiones electorales y las negociaciones entre el PAN, el PRI, incluso el PRD chuchista, podrían hacer que Calderón retire una parte del ejército que está en las calles; pero también la puesta en práctica del Plan México (formalmente Iniciativa Mérida) con los apoyos económicos y militares que arriben de los EEUU, pueden provocar reconsideraciones. Desafortunadamente el pueblo mexicano no cuenta con organizaciones políticas, sindicales y campesinas para presionar y lograr que el gobierno actúe en beneficio del pueblo. Hay que seguir observando y reflexionando acerca de lo que sucede en México. Calderón está desesperado porque, aunque vea necesario retirar al ejército por las derrotas que sufre y por las protestas del pueblo que se incrementan, se sigue oponiendo por que eso significa una derrota para su gobierno. Mientras tanto seguirá diciendo discursos fuertes para sentir que aún es aguerrido. Pero la realidad es que pierde piso.

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