noviembre 08, 2009

El periodismo como recurso de presión política: el “Grupo Reformista y Constitucional” de la Ciudad de México, 1895-1896.

II Encuentro Internacional de Historiadores de la prensa en Iberoamérica

Mesa 9. Prensa del siglo XIX, segunda parte Xalapa, Veracruz. 1 al 5 de marzo de 2004

Myrna Cortés Cuesta

Universidad Nacional Autónoma de México

El papel de la prensa en la política mundial es innegable. Tal vez, la Revolución Francesa sea el caso que más se haya estudiado en cuanto a la importancia de todo tipo de impresos en un movimiento revolucionario, pero lo cierto es que la historia contemporánea está plagada de casos en los cuales los periódicos no sólo fueron foros para la comunicación de las ideas, sino protagonistas fundamentales. En América Latina y México, la tinta de las publicaciones de corte político acompañó el establecimiento de los Estados Nacionales y de los grupos de poder durante todo el siglo XIX; así el escenario latinoamericano también formó parte del mosaico de casos en donde los periódicos y los periodistas decimonónicos, además de difundir información, entretenimiento y cultura, cumplieron la función de promover opinión, hacer propaganda, cuestionar –o apoyar– el poder, y de este modo aglutinar auténticas corrientes políticas en torno suyo. El caso que abordaremos en este trabajo nos permitirá conocer una iniciativa periodística que ejemplifica estas consideraciones, se trata de la asociación denominada "Grupo Reformista y Constitucional".

En efecto, el "Grupo Reformista y constitucional" fue una agrupación formada por periodistas y apoyada en periódicos, que coincidía con el activismo político mostrado por muchas publicaciones del siglo XIX. Sin embargo, dentro del caso mexicano, se trataba de una iniciativa con características totalmente inusuales para su momento, de ahí que sea necesario precisar en qué consistía su originalidad.

En primer lugar, hablamos del "Grupo" –y no directamente de los periódicos– como una iniciativa periodística porque éste no sólo utilizó a las publicaciones que se reunieron en torno suyo para cumplir sus objetivos, sino que fue producto mismo de dichos periódicos, de los periodistas que trabajaban en ellos. También porque, contrariamente al patrón que presenta la relación entre agrupaciones de individuos y publicaciones, donde una asociación o sociedad funda un órgano para difundir sus actividades, el "Grupo Reformista y Constitucional" surgió de la reunión de tres periódicos, es decir, fueron las publicaciones las que emprendieron un ejercicio asociativo para respaldar sus trabajos.

En segundo lugar, el "Grupo" reunió entre sus socios fundadores a individuos que ya mantenían vínculos profesionales desde hacía tiempo y que habían comenzado a articular sus reclamos, por lo menos, quince años atrás, cuando intentaron proponer un candidato a las elecciones presidenciales de 1880;1 también cuando fundaron el "Grupo Liberal Reformista" en 1891 contra la reforma constitucional que permitía la reelección consecutiva indefinida2 y cuando apoyaron las protestas estudiantiles de 1892.3

En tercer lugar, se trataba de los "liberales ortodoxos", y me refiero con este término a aquellos liberales comúnmente denominados por sus contemporáneos "radicales" o "doctrinarios" –incluso "metafísicos" según la expresión de Justo Sierra–, herederos de la tradición reformista de los tiempos de Juárez que en pleno régimen de Porfirio Díaz se concentraban en promover la íntegra conservación de y el apego estricto a la Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma; muchos de los cuales, anticlericales como en tiempos de la Guerra de Tres Años, no admitían el acercamiento que Díaz inició con la Iglesia mediante la llamada política de conciliación y tampoco la reelección indefinida. Para ellos, el hecho de que Díaz propusiera y efectuara cambios a la Constitución de 1857, que se cuestionara la aplicación irrestricta de las Leyes de Reforma con la política de conciliación con la Iglesia y, más aún, que el régimen en su conjunto exhibiera su acuerdo con esas posiciones, eran indicadores de un viraje político que la prensa liberal-radical no podía aceptar y que comenzó a denunciar tan pronto como identificó sus primeras manifestaciones.


En cuarto lugar, además, se trató de un caso distinto de otras organizaciones como la "Asociación de Periodistas Escritores" o la "Prensa asociada" de la Ciudad de México, porque no pretendía dar protección al gremio de periodistas4 y tampoco se trataba de un club político, fundamentalmente porque no postulaba algún candidato para las elecciones presidenciales de 1896. En cambio, presentaba un proyecto político y una organización admirable articulada a partir de una mesa directiva central, una membresía entre la que se distribuían una serie de comisiones internas y externas para el buen funcionamiento del organismo, tres periódicos en la Ciudad de México: El Monitor Republicano, el Diario del Hogar y El Hijo del Ahuizote, y una red que comprendía 43 sucursales distribuidas en 22 estados de la República Mexicana, muchas de las cuales se apoyaban en periódicos locales.

Por todas estas características el "Grupo Reformista y Constitucional" constituye un caso muy puntual y altamente ilustrativo del uso de la prensa como herramienta de presión política.

En efecto, conceptualmente hablando, se trató básicamente un "grupo de presión política" porque se constituyó como una organización formal no concentrada en la obtención del poder político, sino dedicada a ejercer su influencia sobre aquellos que sí detentaban el poder –el gobierno–, a través de opiniones políticas favorables o adversas o de otras manifestaciones de apoyo u oposición,5 que siempre se mantuvieron dentro del marco legal, y tuvieron como principal escenario la prensa. El "Grupo" planteó todo un proyecto que pretendía rebasar coyunturas electorales y cuestionar de fondo la política del régimen al crear un público informado en cuestiones políticas, en sus derechos y obligaciones ciudadanas, si se me permite usar el término, diría que fueron los precursores decimonónicos de los actuales promotores de lo que ahora llamamos "sociedad civil", que en la época encontraba su expresión más cercana cuando los periodistas hablaban de despertar el "espíritu público". La historiografía del Porfiriato no da cuenta de una iniciativa similar.

El "Grupo" de la Ciudad de México fue fundado por dieciséis periodistas: Filomeno Mata, Aurelio J. Venegas, Alfonso Ma. Díaz González, Daniel Cabrera, Enrique M. de los Ríos, José Manuel Villa, José Antonio Rivera Gordillo, Gabriel González Mier, Inocencio Arriola, Fernando Rivera Fuentes, Víctor W. Becerril, Federico García, Antonio Albarrán, Luis del Toro, Juan Fuentes Solís y José Primitivo Rivera Fuentes.6 Algunos de ellos contaban con una larga carrera, como García Deriaz –hijo del periodista liberal Vicente García Torres, fundador de El Monitor Republicano– y Mata; otros habían participado en la oposición periodística desde la década de 1870, como Cabrera; unos tenían prestigio como escritores de oposición, como De los Ríos, González Mier, Del Toro y José P. Rivera Fuentes. La asociación llegó a contar con 38 socios en la capital del país, muchos de los cuales eran jóvenes interesados en el proyecto, que más tarde destacarían en la oposición revolucionaria como Enrique Alcalá y Lázaro Gutiérrez de Lara.

Al iniciar funciones, la nueva organización emprendió una campaña para ganar adeptos. La primera acción que realizó para sondear el apoyo que podía recibir de la población de la Ciudad de México fue la organización de una manifestación en honor de Juárez en el aniversario de su fallecimiento, el 18 de julio de 1895. Así, pudo coordinar a una serie de sectores sociales –estudiantes, obreros, comerciantes, asociaciones laborales y clubes políticos– que encontraban en el tributo a Juárez un elemento de cohesión, una bandera unificadora.7 Aunque con la manifestación a Juárez el "Grupo" dijo haber obtenido todo un éxito, la intervención del Comité Patriótico Liberal, comisión oficialista que se había adjudicado la organización de dichos homenajes desde 1887, opacó los esfuerzos del "Grupo" al capitalizar a su favor la iniciativa, menguando el carácter "alternativo" que sus promotores querían imprimir a la celebración. Sin embargo, la acogida del proyecto entre la población capitalina ya se había hecho manifiesta y durante varios meses sería sumamente intensa.

Por otro lado, el "Grupo" también pudo valorar las simpatías que despertó en el interior del país cuando comenzó a recibir felicitaciones y solicitudes de ingreso provenientes de numerosas poblaciones. Aunque inicialmente se trató de una agrupación capitalina, desde su fundación se planeó expandirla a otros lugares de la república. Gracias a las gestiones de algunos de sus miembros, se instalaron 43 sucursales del "Grupo" en veintidós estados del país y unas 80 localidades manifestaron su adhesión a la organización de la Ciudad de México. Además, muchos de los periódicos de los estados de la República reprodujeron la noticia de su aparición y según su orientación política, algunos siguieron con interés sus acciones y otros los criticaron. Esta extensa cobertura geográfica, concentrada en los estados del centro del país, con cierta dispersión hacia las entidades del norte y del sureste,8 se vio favorecida por la circulación de los periódicos asociados al "Grupo", por los trabajos de algunos de sus miembros en el interior del país y por la existencia de una red de asociaciones liberales –logias masónicas, círculos protestantes y clubes liberales– que apoyaron la propuesta de defensa de la Constitución y las Leyes de Reforma.9 De este modo, el programa político del "Grupo" se insertó con éxito, por lo menos durante sus primeros meses de vida, en el ámbito público, especialmente entre los sectores politizados de la sociedad que leían los periódicos liberales, simpatizaban con su postura liberal-ortodoxa o compartían sus mismos reclamos políticos.

Los fundadores del "Grupo Reformista y Constitucional" establecieron en sus estatutos las que serían sus estrategias para difundir su programa y alentar la participación ciudadana frente a las amenazas que suponían eran para el liberalismo ortodoxo la política de conciliación y la esclerosis gubernamental del régimen de Díaz. Se trataba de tres puntos:

I.Vigilar resueltamente el más exacto cumplimiento de las Leyes de Reforma, ora excitando a las autoridades a que repriman con energía cualquier violación, ora protestando contra la lenidad con que se la castigue, o contra la impunidad en que se la deje. II. Procurar hacer prácticos y propagar por medio de la prensa, de la tribuna, del folleto y por todos los medios legales que estén a su alcance, los principios sostenidos y proclamados en la Constitución de 1857, [y] III. Venerar y hacer pública veneración hacia la memoria de los grandes liberales y hacia sus hechos más culminantes en la historia.10


Dichas estrategias pretendían defender la ideología liberal ortodoxa desde tres frentes: en el primero, el "Grupo" se situaba como un termómetro público del cumplimiento de las Leyes de Reforma que tendría la función de denunciar las irregularidades encontradas y protestar cuando éstas no fueran sancionadas conforme a la ley por el Gobierno. Los periódicos asociados al "Grupo" habían solicitado a sus lectores que comunicaran a sus redacciones cualquier incumplimiento de las leyes anticlericales que llegaran a detectar en sus lugares de residencia y se propusieron reproducir estas noticias para reclamar a las autoridades cuando se registrara alguna violación o cuando, habiéndose comprobado una trasgresión a la ley, los funcionarios públicos no aplicaran las sanciones correspondientes a los responsables. En este sentido, las publicaciones del "Grupo" daban un uso político a su práctica informativa.

En el segundo frente de su programa, las publicaciones asociadas al "Grupo" se comprometían a realizar una campaña de difusión de la ideología liberal. Además de la publicación de sus periódicos, donde se insertaban amplios editoriales sobre la valía del legado reformista, los miembros del "Grupo" se dedicaron a la edición de otros suplementos y folletos que pretendían reafirmar y difundir su posición política. En particular, Filomeno Mata y Daniel Cabrera promovieron varias de estas iniciativas, y éste último costeó la impresión de discursos y poesías conmemorativas, la propia edición del Estatuto del "Grupo" acompañado de un manifiesto de sus socios fundadores, y una edición de la Constitución de 1857, realizada en 1895, entre otros impresos.11 De este modo, con la reproducción de los principios constitucionales los periodistas del "Grupo" buscaban emprender una campaña que, más que informativa, fuera formativa de la conciencia pública.

Finalmente, en el tercer frente de defensa del liberalismo reformista y constitucional, el "Grupo" pretendía hacer un uso pedagógico del pasado liberal mediante la conmemoración de los acontecimientos militares más sobresalientes y el homenaje a los héroes más destacados de la Reforma. Para ello, el "Grupo" acordó el establecimiento de un calendario conmemorativo que incluía las fiestas que pasaban "inadvertidas" para el pueblo, además de aquellas que eran relegadas por la "negligencia, la malicia o la intriga de los enemigos de las instituciones liberales" o por la "aquiescencia de los liberales mismos". Si bien la conmemoración de las efemérides reformistas y constitucionales tenía el propósito de destacar entre la población la importancia histórico-política del periodo de la Reforma, la formulación del calendario conmemorativo del "Grupo" no pretendía únicamente ese fin. Con las celebraciones y conmemoraciones nacionales que sumaban casi una veintena, y con las que cada estado de la República añadiera como celebraciones locales, el "Grupo" también buscaba poner en evidencia la actitud de indiferencia de las autoridades para honrar el pasado liberal, pues hasta el momento el calendario cívico porfirista sólo señalaba ocho fiestas nacionales.12 Por otro lado, al exaltar las virtudes personales y públicas de los hombres que "hicieron la patria", las celebraciones establecerían un punto de comparación entre aquellos y los políticos y funcionarios porfiristas responsables de que la obra de la Reforma "ruede despedazada por todo el país".13 La intención era inteligentísima, porque pretendía publicitar a los héroes, a esos hombres que tras su muerte se estaban convirtiendo en mitos, para provocar una comparación con los liberales porfiristas vivos y exhibir sus miserias humanas, su falibilidad.

Cada una de estas tres estrategias recogía algunas de las fórmulas que la larga tradición de lucha política de los periódicos decimonónicos había empleado, pero más allá de esta confluencia de fórmulas, lo especialmente novedoso del "Grupo Reformista y Constitucional" fue su capacidad para conjuntar orgánicamente los esfuerzos de sus seguidores, organizándolos como verdaderos actores políticos capaces de integrarse a las discusiones de su momento, sumándolos a su programa de presión política sobre el régimen y dotándolos de dos armas principales: la crítica dentro del marco institucional y el peso de una "opinión pública" dispuesta a monitorear las medidas del gobierno porfirista, misma que los periódicos se esforzaban por alimentar.

El "Grupo" estaba consciente de que no se podía pedir la participación de la sociedad si no se le daba primero un ejemplo claro. Por eso la difusión de sus mecanismos de funcionamiento interno mediante la publicación de las actas de las sesiones en los periódicos fue otro recurso pedagógico. Como asociación "moderna" a diferencia de las existentes en el Antiguo Régimen, el "Grupo Reformista y Constitucional" basaba sus mecanismos de ingreso y su funcionamiento interno en mecanismos "democráticos", como las asambleas abiertas para escuchar las opiniones de sus miembros y la celebración de votaciones para aceptar a nuevos miembros, tomar decisiones y elegir a sus representantes. El derecho de voz y voto ­–además de dotar al "Grupo" de calidad moral, autoridad y un saludable sistema de gobierno–, sobre todo servía como ejemplo de una "democracia" en pequeña escala, un ensayo del funcionamiento de la nación "democrática" que se deseaba para el país. En este sentido, encontramos en el "Grupo" un ejemplo de una auténtica "sociabilidad moderna" en los términos que la define F.-X. Guerra14 que, además, no sólo respondía a este modelo, sino que lo promovía como ejemplo y estimulaba la creación de órganos similares.

Aún cuando existían diferencias entre los socios, los diarios publicaban las discusiones como una manera de demostrar su apertura y capacidad de llegar a acuerdos. Cada periódico aportó al "Grupo" su carácter particular, con la diferencia de matices que cada uno presentaba en su crítica opositora. El Monitor Republicano tenía junto con su fundador, Vicente García Torres, una posición predominante como el decano del liberalismo radical por su antigüedad y ortodoxia; ello le otorgaba cierta autoridad moral entre sus correligionarios. El Diario del Hogar de Filomeno Mata fue el vocero del desencanto tuxtepecano pues, del mismo modo que su propietario fue compañero de armas de Porfirio Díaz y luego se convirtió en crítico del régimen, el diario fue definiendo su postura contestataria hasta sustituir a El Monitor como principal exponente del periodismo liberal. Por su parte, El Hijo del Ahuizote reflejó desde sus inicios la personalidad combativa de Daniel Cabrera, el más joven de los tres editores, que desde la fundación de dicho semanario mostró su espíritu cáustico, irreverente, propio de un diario fundado desde sus inicios en las filas de la oposición porfirista. Esta alianza tripartita dio como resultado que el "Grupo" gozara de las valiosas herramientas de acción y penetración que aportaban sus integrantes: la tradición, el prestigio "independiente" y la calidad moral de El Monitor Republicano; la habilidad de Filomeno Mata para criticar al régimen porfirista dentro del marco institucional en el Diario del Hogar; y la fuerza y espíritu activo que la caricatura política de El Hijo del Ahuizote de Daniel Cabrera irradiaba. En cierto sentido, estas características de los periódicos asociados estuvieron presentes en la organización del "Grupo"15 e indudablemente permitieron que el proyecto de la agrupación se difundiera entre los seguidores de estas tres publicaciones, desde los partidarios de la ortodoxia más anticlerical, hasta los simpatizantes del estilo de Mata y Cabrera.

Cabe ahora preguntarnos cuál fue el impacto que logró dicha organización. Creemos que un primer indicador de la importancia del "Grupo Reformista y Constitucional" puede ser la acogida que tuvo en la sociedad. En la Ciudad de México sus trabajos lograron su impacto: movilizaron simpatizantes con la manifestación en honor de Juárez y con otra propuesta que llevó a cientos de habitantes a firmar los libros de registro con que los miembros del "Grupo" pretendían solicitar al Congreso de la Unión, mediante un ocurso, que se consolidara la propiedad del Templo católico de La Enseñanza para convertirlo en "Capilla de la Independencia" y depositar ahí los restos de los caudillos de 1810 que reposaban en la Catedral Metropolitana.

En el resto del país pudimos detectar la existencia de organizaciones correspondientes que dan cuenta de la recepción de las ideas reformistas y constitucionales entre ciertos sectores sociales, a través de las adhesiones que venían acompañadas de numerosas firmas. Además, la red delineada por el "Grupo", que ligaba a liberales radicales con masones y protestantes, de alguna manera le dio permanencia pues en 1901, muchos de sus miembros se volvieron a hacer presentes fundando de los clubes que apoyaron al Congreso Liberal de San Luis Potosí, y en 1906, reorganizándose en torno al Partido liberal Mexicano; ambos frecuentemente con los mismos nombres y en las mismas poblaciones. Tanto por su relación con grupos tan peculiares –como lo fueron las organizaciones corresponsales en su momento–, como por la participación que durante la revolución tuvieron en lo individual un buen número de ex-integrantes de la organización central de la Ciudad de México, podemos señalar que la acción del "Grupo" rebasó el breve lapso de su existencia para extenderse como antecedente mismo del movimiento de 1910.

También podemos valorar el impacto del "Grupo" en relación con la respuesta que recibió de sus interlocutores. De haberlo considerado inocuo, pocos se hubieran tomado la molestia de rebatirlo, sin embargo, tanto la réplica de la prensa oficialista y católica como la del régimen mismo nos permiten dimensionar el peso de las críticas de la agrupación. La prensa fue la arena del enfrentamiento entre las tres grandes fuerzas de esos años: los liberales-radicales, los liberales-conservadores y los católicos. El gobierno porfirista, por su parte, traspasó la frontera del debate y pasó a la acción. La política de subvenciones ya había allanado el camino en buena parte, pero para los periódicos liberales-radicales del "Grupo" que se habían resistido a desaparecer en las décadas de 1870 y 1880, el régimen tenía preparada una nueva asonada: la represión, la acusación por delitos de imprenta con el empleo de la "psicología judicial".

No obstante la claridad de sus objetivos y su admirable organización, desde principios de 1896, el "Grupo" ya identificaba algunas dificultades que le impedían llevar a buen término sus propósitos, además de que el gobierno jamás iba a responder a sus exigencias. Por un lado, la prensa oficialista emprendió una cruzada para desacreditar el proyecto de defensa de la Constitución y las Leyes de Reforma. Periódicos como El Partido Liberal criticaron la terquedad de los liberales radicales por aferrarse a los principios teóricos sin reconocer la necesidad de establecer formas más prácticas y menos doctrinarias de dirigir al país, además de acusar a las publicaciones "jacobinas" de criticar al gobierno "por sistema". Por su parte, los católicos El Tiempo y La Voz de México se concentraron en descalificar la defensa de las Leyes de Reforma como una nueva campaña de los liberales por reducir aún más el papel de la Iglesia en la vida del país. Además, el régimen de Díaz también hizo lo suyo: la política de otorgamiento de subvenciones aseguraba la lealtad de la prensa y, para 1895, ya contaba con un grupo de periódicos dedicados a combatir los ataques de la prensa independiente ante la opinión pública; y se recrudecieron las persecuciones a los periodistas asociados, gracias a la modificación del artículo 7 sobre libertad de imprenta. Con la clasificación de las faltas de imprenta como delito del fuero común se determinó la competencia de los juzgados criminales para resolver la suerte de los periodistas acusados.16 Una de las consecuencias de esta modificación fue que los litigios recaían en jueces nombrados por el Ejecutivo lo que seguramente hacía de los juicios procesos más penosos para los periodistas acusados, ya que los acusadores eran, en muchas ocasiones, miembros del propio gobierno.

En esas nuevas circunstancias legales para la prensa, surgió lo que los periodistas independientes llamarían "psicología judicial". El término se utilizó para describir la arbitrariedad de los jueces al dictar sentencias a los periodistas. Como resultaba tan difícil dictaminar sobre imputaciones tan vagas como la de calumnia o infamia, la prensa independiente sostenía que, en la práctica, el juez atendía sólo a su propia subjetividad –a su manera de sentir, a su "psicología"– para fallar en los casos de delito de imprenta. Y como los jueces estaban ligados al gobierno, esa "psicología judicial" se convertía en un arma en contra del periodismo independiente.

Por procesos de la "psicología judicial" directores y redactores pertenecientes al "Grupo Reformista y Constitucional" como Vicente García Deriaz, Filomeno Mata, Daniel Cabrera, Inocencio Arriola, Antonio Albarrán y Antonio Rivera "entraban y salían por las puertas de la cárcel de Belén tan frecuentemente, que aquélla parecía ser su residencia de invierno o su quinta de veraneo, y a ratos asomaban también por ahí, y no voluntariamente, los editores y los redactores [...] de otras publicaciones liberales o católicas".17

Entre 1895 y 1896 estuvieron sujetos a procesos judiciales ocho periodistas del "Grupo Reformista y Constitucional": Ángel Pola, Vicente García Deriaz, Filomeno Mata, José Primitivo Rivera, Carlos Roumagnac, Gabriel González Mier, José Manuel Villa y Antonio Rivera Gordillo. Los asuntos que ocasionaron sus procesos judiciales fueron las críticas al desempeño de la Secretaría de Justicia e Instrucción Pública y su titular, Joaquín Baranda;18 la denuncia que interpuso el director de la Escuela Nacional Preparatoria, Vidal Castañeda y Nájera, por calumnia y difamación contra la institución que encabezaba;19 diversos pleitos entre periodistas (sobre todo con un antiguo colega de oposición, José Ferrel,20 y con Victoriano Agüeros, director del diario católico El Tiempo21); y las denuncias interpuestas por algunos particulares.22 Hasta 1882 el periódico que sufrió más denuncias judiciales fue El Monitor Republicano.23 Su labor opositora al lado de otras publicaciones se vio frenada a mediados de la década de 1890 por la reducción de rotativos que compartieran su posición política y por el auge de los órganos defensores del gobierno que "se multiplicaban como pan bendito". Por su parte Filomeno Mata y el Diario del Hogar lo desbancaron de dicho puesto años después. Lo cierto, es que las mismas aprehensiones eran síntoma de que causaban molestia al régimen. Además, ya por esos tiempos se reconocía que la prensa libre se debilitaba ante la creciente importancia del "reportazgo" y la crónica sensacionalista, en detrimento de la "exposición doctrinaria".24

Todos estos factores incidieron en el debilitamiento del "Grupo". Pero tal vez el más contundente fue que la sociedad mexicana no estaba formada para participar como los periodistas independientes esperaban. A mediados de 1896, sus miembros escribieron sobre la poca participación de la sociedad en la política nacional, específicamente sobre el alto índice de abstencionismo registrado en los comicios presidenciales. En un artículo editorial, Luis del Toro aceptaba que el régimen mismo había paralizado el proceso de maduración cívico-política de la sociedad mexicana porque la administración no invertía lo suficiente en el ramo de Instrucción Pública para combatir el analfabetismo, cuando lo deseable era que "los beneficios de la instrucción se extiendan por todo el país; que la escuela rompa la noche intelectual en que vivimos".25

Otros factores, de origen más bien estructural, que limitaron la penetración del proyecto político del "Grupo" en la sociedad y que determinaron la disolución final de esta iniciativa a mediados de 1896, fueron la incapacidad de la organización para incorporar a grupos sociales medios a sus cuadros, renovar su discurso y presentar nuevas "banderas" que cohesionaran a sus miembros. La propia apertura de la organización permitía la existencia de opiniones distintas entre sí, de ahí que el disenso fuera siempre una posibilidad. Y así sucedió. Los periódicos y los periodistas asociados contagiaron a la organización con sus diferencias y contribuyeron a que se disolviera. En primer lugar, las particularidades de los periódicos asociados –aún cuando compartían un proyecto común– ya dejaban claro que cada uno seguía derroteros distintos; como última consecuencia de esta variedad de enfoques políticos, grados de radicalismo y estrategias editoriales dos de los periódicos del "Grupo" reorientaron sus formas de criticar al gobierno y uno de ellos desapareció. El Monitor Republicano concluyó sus ediciones porque su programa político perdía vigencia: la ortodoxia liberal que representaba enfrentó el duro reto de renovar su discurso para hacer frente a un régimen porfirista cada vez más fortalecido, pero al negarse a cambiar el tono y contenido de su crítica, el rotativo de Vicente García Deriaz agotó su argumentación en defensa del liberalismo reformista y constitucional; además, se trataba de un diario tradicional, doctrinario, tal vez hasta anticuado en el contexto de renovación de la prensa finisecular, que perdía mercado ante las nuevas publicaciones más baratas y atractivas. Por su parte, el Diario del Hogar y El Hijo del Ahuizote supieron mantenerse en circulación por más tiempo gracias a sus contenidos más diversificados, a sus estrategias editoriales ah doc con los tiempos y la renovación de sus discursos; acogieron a periodistas formados en las nuevas tendencias antiporfiristas y se aliaron con las iniciativas de la oposición revolucionaria. Estas diferencias ya causaban sus primeros estragos en 1896, debilitando la alianza fundada en torno al "Grupo Reformista y Constitucional" y favoreciendo la definición de un cruce de caminos, donde El Monitor tomaría una ruta a la extinción y sus otros dos colegas la vía de la renovación periodística e ideológica.

Sin haber logrado éxito en sus iniciativas para que la sociedad practicara sus derechos políticos y exigiera el cumplimiento de la ley, la labor del "Grupo" no fue del todo estéril. Presionó al gobierno, obligándolo a cuidarse del incumplimiento de la ley o orillándolo a ser exhibido; tomando las funciones que, en teoría, correspondía ejercer al régimen, como la educación política de la sociedad y la conmemoración del pasado liberal; y quiso intimidar a los funcionarios porfiristas para que estuvieran a la altura de personajes como Hidalgo, Morelos y Juárez, entre otros. También logró sentar un precedente para otras formas de participación opositora de la prensa en el futuro, como el semanario Regeneración, de los hermanos Flores Magón, que mantuvieron contacto con personajes como Filomeno Mata y Daniel Cabrera desde su estancia en la Escuela Nacional de Jurisprudencia. Además, otros de sus miembros tuvieron participaciones opositoras. Por ejemplo, Enrique Alcalá, que cuando se inscribió al "Grupo" en 1895 tenía tan sólo 19 años, participó en la revolución en Chihuahua y llegó a ser gobernador de ese estado en 1917; Daniel Cabrera contribuyó ocasionalmente con los hermanos Flores Magón en la edición de su semanario Regeneración y alimentó las ideas opositoras de su sobrino Luis Cabrera; Federico García Alba estuvo al frente de la segunda época del semanario de artes, letras, caricaturas, humorismo y variedades El Alacrán, que mantuvo su posición crítica aún en el régimen maderista;26 Lázaro Gutiérrez de Lara más tarde se consolidó como uno de los principales promotores del sindicalismo en Sonora y Coahuila, organizó el Club Liberal que emplazó a huelga a la Compañía Minera de Cananea en 1906, fundó el Partido Liberal al lado de Antonio Díaz Soto y Gama, Antonio Villareal, Julio Jasso, Santiago de la Vega y Rosalío Bustamante, y fue director de Regeneración en 1917;27 Filomeno Mata apoyó a Juan Sarabia y llegó a confiarle la dirección del Diario del Hogar en 1911, convirtiendo su periódico en vocero del zapatismo en la Ciudad de México; José Primitivo Rivera se unió al Partido Liberal Mexicano junto con Santiago de la Hoz y Teodoro Hernández y en 1914 –junto con otro de los miembros del "Grupo", Luis del Toro–, se opuso a la ocupación norteamericana del puerto de Veracruz;28 y José Antonio Rivera Gordillo fue uno de los dirigentes intelectuales de los radicales sancristobalenses y llegó a ser candidato a la gubernatura de Chiapas en 1911,29 entre otros.

Hay que decir que el surgimiento del "Grupo Reformista y Constitucional" fue posible gracias a las características de la vida política y el periodismo de su época. En un periodo de inexistencia de organizaciones políticas formales, la prensa fue capaz de reunir en torno suyo a individuos de tendencias políticas similares; de este modo, un proyecto común –el periódico– representaba a un círculo con ideas e intereses afines que, a falta de un partido propiamente dicho, ejercía las funciones propias de tal estructura política: propaganda, reclutamiento de simpatizantes, difusión de plataformas políticas, postulación de candidatos etcétera. En el caso del "Grupo", este círculo se ensanchó considerablemente gracias a la reunión de tres periódicos con reclamos comunes que concentraron la tradición y el prestigio de El Monitor Republicano, la estrategia y la mesura del Diario del Hogar, y la acción y la acidez crítica de El Hijo del Ahuizote, que –aún siendo dispares en ciertos temas– dotaron de mayores alcances a la iniciativa, pero escapó a la característica de proponer un candidato a la presidencia. Y renunció a tal prerrogativa porque sabía que no tendría éxito ante el creciente control que Díaz ejercía en la maquinaria política del país y porque prefirió trabajar por la educación política de la población como vía alterna para obtener un cambio a largo plazo. En condiciones como las que siguieron a 1896, cuando el periodismo en México comenzó a ser entendido más como la búsqueda de la noticia sensacional y la empresa rentable, y menos como el compromiso abierto con una determinada posición política; y cuando el periodista comenzó a ser más un testigo que reportaba hechos que un opinador, que un ideólogo, difícilmente hubiera podido articularse un proyecto de estas características.

A esta combinación de causas internas y externas, donde la tendencia disgresora hizo pesar más las debilidades ideológicas y organizativas del "Grupo" que su proyecto común, el quinto triunfo presidencial de Porfirio Díaz significó la estocada final. La evidencia de que el régimen porfirista no compartía el mismo ideal jacobino –principalmente con los avances de la política de conciliación– y su paulatina consolidación agudizó la retirada. Atado de manos para conseguir sus objetivos por la vía del periodismo el "Grupo" se debilitó hasta desaparecer.

El "Grupo" constituyó el último gran esfuerzo de organización de los "viejos" liberales en defensa de los principios liberales ortodoxos. Si bien Charles A. Hale ha identificado el año de 1893 como el inicio de la debacle del liberalismo doctrinario, tomando como punto de partida el debate entre "científicos" y "jacobinos" sobre la propuesta de inamovilidad del poder judicial, el mismo autor señala que el liberalismo doctrinario siguió vivo después de ese año y que entre 1895 y 1910 se verificó la "disolución de la institución liberal". En este trabajo hemos demostrado la importancia que los años de 1895-1896, tuvieron en este proceso y cómo fue que marcaron el derrumbe de los liberales más tradicionales e inflexibles en su último bastión: la prensa independiente. Creemos que este trabajo puede contribuir a entender con mayor claridad una parte del proceso descrito en extenso por Hale.

Finalmente, y a la luz del papel del periodismo actual, no podemos pasar por alto que una de las propuestas del "Grupo" consistía en presionar al régimen desde una vía indirecta que consistía en educar al pueblo para promover su participación ciudadana y crear lo que hoy llamamos "sociedad civil". Hoy que los partidos políticos promueven su oferta entre los ciudadanos y que la "sociedad civil" es considerada actor principal en la política contemporánea, si algo tiene de actual el caso del "Grupo Reformista y Constitucional" es que se interesó por fomentar algunas de las que hoy llamaríamos "condiciones de la democracia": crear una sociedad interesada por la política, que conociera la ley, invitarla a monitorear el desempeño de sus gobernantes y recordarle su pasado, todas ellas formas de presión política para el momento estudiado.



Bibliografía

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Dublán, Manuel y José María Lozano. Legislación Mexicana o Colección completa de las disposiciones legislativas expedidas desde la independencia de la República. México: imprenta y litografía de Eduardo Dublán y comp., 1887.

González Navarro, Moisés. Historia Moderna de México. El Porfiriato. La vida social. México: Hermes, 1970. 979 p.

Guerra, François-Xavier. México: del Antiguo Régimen a la Revolución. Traducción de Sergio Fernández Bravo. 2a. ed. México: Fce, 1993, 2 ts. (Sección de Obras de Historia).

Hale, Charles A. La transformación del liberalismo en México a fines del siglo XIX. Traducción de Purificación Jiménez. México: Editorial Vuelta, 1991. 453 p.

Mata, Luis. Filomeno Mata, su vida y su labor: ensayo biográfico. México: Sep, 1945. 95 p. (Biblioteca Enciclopédica Popular; 62).

Rodríguez Kuri, Ariel. "El discurso del miedo: El Imparcial y Francisco I. Madero" en Historia Mexicana, XL: 4, núm. 160, 1991, pp. 697-740.


1 En ese año, José María Vigil planteó en El Monitor Republicano la necesidad de reconstruir "el deplorable estado" de la política del momento a través del resurgimiento del Partido Liberal. Con el objetivo de enfrentar la candidatura de Manuel González y hacer válido el sufragio popular, El Monitor organizó el "Comité Ejecutivo del Partido Liberal" cuyos dirigentes eran los mismos "precandidatos": Manuel María Zamacona, Ignacio L. Vallarta, Justo Benítez, Ignacio Mejía, Trinidad García de la Cadena y Juan N. Méndez. MR, 21 de octubre de 1879 y 16 de julio de 1880. Charles A. Hale, La transformación del liberalismo en México a fines del siglo XIX. Traducción de Purificación Jiménez. México: Editorial Vuelta, 1991.

2 La reforma consistió en volver dicho artículo de la Constitución a su versión original que no establecía ninguna traba a la reelección indefinida "El Presidente entrará a ejercer sus funciones el 1º de diciembre y durará en su encargo cuatro años". Derechos del pueblo mexicano. México a través de sus Constituciones. México: Cámara de Diputados, 1967, p. 281. El "Grupo Liberal Reformista" incluía a 19 de los periodistas que se reunirían en 1895. Luis Mata, Filomeno Mata, su vida y su labor: ensayo biográfico. México: Sep, 1945, pp. 39-42 (Biblioteca Enciclopédica Popular; 62).

3 Protestas salidas de la Escuela Nacional de Jurisprudencia, donde los alumnos, encabezados por Joaquín Clausell organizaron un movimiento en contra de la reelección presidencial que debatió especialmente con la "Unión Liberal", el club formado por los "científicos" que apoyaba la candidatura de Díaz. "El periodista Sr. Joaquín Clausell", MR, 10 enero 1896, p. 3

4 En 1872, la "Asociación de Periodistas Escritores" constituyó el primer esfuerzo de asociación periodística que, sin embargo, no prosperó. Tres años después, con la polémica sobre la libre importación de papel, José María Vigil presentó su iniciativa de formar la "Prensa Asociada de México", que pretendía "salvar al periodismo y a la tipografía del peligro que representa la escasez del papel", y que fue duramente criticada por El Monitor. Entre 1884 y 1885 surgió y se formalizó la "Prensa Asociada de la Ciudad de México", ideada por Ramón Elices Montes bajo la dirección de Ireneo Paz, primero, y más tarde de Apolinar Castillo. Estableció algunos principios básicos en beneficio de la práctica periodística: la emisión de identificaciones para sus miembros, la formación de una estadística nacional de la prensa, la solicitud a las empresas ferrocarrileras de facilidades para el traslado de sus corresponsales y la gestión de la libertad de escritores encarcelados. Sin embargo, el apoyo a esta organización no fue unánime. María Teresa Camarillo Carbajal. El sindicato de periodistas, una utopía mexicana. Las agrupaciones de periodistas de la Ciudad de México, 1872-1929. México: Instituto de Investigaciones Bibliográficas, Unam, 1988.

5 El término "grupo de presión" indica "la existencia de una organización formal y la modalidad de acción del grupo mismo en vista a la consecución de sus fines: la presión [... que], no es, pues, como consideran algunos autores, tanto la posibilidad de tener acceso al poder político, como la posibilidad de recurrir a sanciones negativas –castigos– o positivas –premios– con el fin de influir en la asignación imperativa de los valores sociales a través del poder político". Gianfranco Pasquino en Norberto Bobbio, Nicola Matteucci y Gianfranco Pasquino. Diccionario de política. 7ª ed. corregida y aumentada. México: Siglo Veintiuno Editores, 1991, vol. I, p. 728-729.

6 "Agrupación política" en Diario del Hogar, 29 de junio de 1895, p. 3.

7 "Atenta invitación", Diario del Hogar, 18 de julio de 1895, p. 3; "La manifestación a Juárez", Diario del Hogar, 17 de julio de 1895, p. 3; "La manifestación de ayer. Concurso de todas las clases sociales", Diario del Hogar, 19 de julio de 1895, p. 1; "La manifestación a Juárez", Diario del Hogar, 17 de julio de 1895, p. 3.

8 En cuanto a establecimiento de Grupos correspondientes o sucursales de la asociación central, el Estado de México presentó la mayor concentración de fundaciones, con siete. Le siguían los estados de Hidalgo y Guerrero con cuatro cada uno, Veracruz y Puebla con tres, Jalisco y San Luis Potosí con dos y, finalmente, con sólo una agrupación, Campeche, Chiapas, Coahuila, Nuevo León, Tabasco, Tamaulipas y Zacatecas. Por su parte, las adhesiones muestraron un patrón de desplazamiento hacia regiones más lejanas, hacia el Golfo de México y el Norte del país. Myrna Cortés Cuesta, "El Grupo Reformista y Constitucional de 1895 y 1896: una organización de la prensa liberal-radical frente al régimen porfirista", tesis de Maestría en Historia Moderna y Contemporánea, Instituto Mora, noviembre de 2002, pp. 66 y 72.

9 Jean-Pierre Bastian. Los disidentes. Sociedades protestantes y revolución en México, 1872-1911. México: Fce. El Colegio de México, 1993, pp. 173-211(Sección de Obras de Historia).

10 "Grupo Reformista y Constitucional" en El Hijo del Ahuizote, 7 de julio de 1895.

11 También se deben a él: Manifestación, 1887, 44 pp.; Estatuto, 1895, 28 pp.; y una edición de la Constitución de 1857.

12 "El calendario cívico porfirista que reducía al 5 y 24 de febrero, 2 de abril, 5 de mayo, 21 de junio, 18 y 30 de julio y 16 de septiembre. A esto hay que agregar los festejos organizados por las reelecciones de Díaz" y el 14 de julio, conmemoración del inicio de la Revolución Francesa. Moisés González Navarro, Historia Moderna de México. El Porfiriato. La vida social. México: Hermes, 1970, t. IV, p. 700.

13 "18 de julio", Diario del Hogar, 18 de julio de 1896.

14 Estas asociaciones, fueron consideradas las células básicas para la elaboración y transformación de la ilustración liberal, es decir, "matriz de la política moderna". François-Xavier Guerra. México: del Antiguo Régimen a la Revolución. Traducción de Sergio Fernández Bravo. 2a. ed. México: Fce, 1993, t. I, pp. 158-162 (Sección de Obras de Historia), y que en este caso actúan como fundaciones dirigidas a preservar un modelo político específico. Las principales características de estas asociaciones son el rasgo de igualdad entre sus miembros, independientemente de su procedencia social, por considerarse individuos con derechos y obligaciones dentro del marco legal "moderno"; la cohesión interna por medio del interés general en algún objetivo específico, en este caso de índole política; la participación en el grupo con opiniones encaminadas al logro de consensos entre sus miembros; y la utilización de medios democráticos como la votación de iniciativas, la discusión de resoluciones y la elección de sus representantes internos y externos. Myrna Cortés Cuesta, "Modernidad y representaciones sociales en Guadalajara durante la segunda mitad del siglo XIX", tesis de licenciatura en historia, Universidad de Guadalajara, julio de 1999, p. 93.

15 Además de estos tres periódicos, en general, bien conocidos a finales del siglo XIX, el Grupo difundía su proyecto político a través de otras publicaciones más pequeñas cuyos dueños y directores eran miembros de la agrupación, como El Noticioso de Ángel Pola y Federico Mendoza y Vizcaíno, Guía Práctica de Derecho de Antonio de J. Lozano, El Globo de Carlos Roumagnac y Luis del Toro y Vieiro.

16 La última parte del artículo decía textualmente en 1867: "Los delitos de imprenta serán juzgados por un jurado que califique el hecho y otro que aplique la ley." Manuel Dublán y José María Lozano. Legislación Mexicana o Colección completa de las disposiciones legislativas expedidas desde la independencia de la República. México: imprenta y litografía de Eduardo Dublán y comp., 1887, t. XVI, p. 501 y t. X, p. 261.

17 Diego Arenas Guzmán. El periodismo en la Revolución Mexicana (de 1876 a 1917). México: Inherm, 1966-1967, t. I, p. 161.

18 "Gacetilla. La psicología a las puertas de varias redacciones", El Monitor Republicano, 29 de febrero de 1896, p. 2; "Gacetilla. Aprensiones de periodistas," El Monitor Republicano, 1 de marzo de 1896, p. 2; "Gacetilla. La Psicología en acción," El Monitor Republicano, 1 de marzo de 1896, p. 3; Luis del Toro, "Boletín del Monitor," El Monitor Republicano, 6 de marzo de 1896, p. 1, entre otros.

19 "Gacetilla. La Psicología en acción," El Monitor Republicano, 1 de marzo de 1896, p. 3; Luis del Toro, "Boletín del Monitor", El Monitor Republicano, 12 de marzo de 1896, p. 1; "Gacetilla. Los procedimientos del Señor Juez 2º Correccional a la luz del derecho," El Monitor Republicano, 19 de marzo de 1896, p. 3; "Protesta de los estudiantes contra la acusación de algunos periodistas," Diario del Hogar, 27 de marzo de 1896, p. 2. En el caso, el periodista Ángel Pola fue el principal afectado. "Gacetilla. La prisión del Sr. Ángel Pola," El Monitor Republicano, 5 de marzo de 1896, p. 3; "Gacetilla. Acusación contra el Juez 2º Correccional," El Monitor Republicano, 7 de marzo de 1896, p. 3; "Gacetilla. La prisión de Don Ángel Pola," El Monitor Republicano, 8 de marzo de 1896, p. 2; "Gacetilla. La acusación contra el juez 2º Correccional," El Monitor Republicano, 10 de marzo de 1896, p. 2; "Gacetilla. Absolución del Juez 2º Correccional," El Monitor Republicano, 29 de marzo de 1896, p. 3.

20 "Miscelánea. El conflicto periodístico", El Hijo del Ahuizote, 16 de junio de 1895, p. 7; "México al día. Dos periodistas en la cárcel. Injurias y agresión a la policía.", Diario del Hogar, 24 de julio de 1895, p. 3; "Contestación a un párrafo del periódico El Demócrata", Diario del Hogar, 5 de diciembre de 1895, p. 1; "Gacetilla. La justicia tuxtepecana", El Monitor Republicano, 26 de febrero de 1896, p. 3; "Gacetilla. La causa Ferrel", El Monitor Republicano, 6 de marzo de 1896, p. 2; "Gacetilla. Don José Ferrel en libertad", El Monitor Republicano, 10 de marzo de 1896, p. 2; "Gacetilla. El Demócrata", El Monitor Republicano, 1 de febrero de 1896, p. 3; "Acusación contra un funcionario judicial", Diario del Hogar, 19 de febrero de 1896, p. 1; "Gacetilla. Prisión de José Ferrel", El Monitor Republicano, 26 de junio de 1896, p. 3; "México al día. Prisión del Sr. Antonio Rivera G.", Diario del Hogar, 23 de julio de 1896, p. 1; "Asunto Rivera-Ferrel", Diario del Hogar, 21 de agosto de 1896, p. 1

21 Luis del Toro, "Boletín del Monitor", El Monitor Republicano, 13 de febrero de 1896, p. 1; "Gacetilla. Periodistas en libertad," El Monitor Republicano, 24 de marzo de 1896, p. 2.

22 Los afectados eran asociaciones, establecimientos comerciales e individuos que argumentaban que las notas periodísticas denunciadas perjudicaban su imagen pública y desempeño comercial. Tal vez animados por la abundancia de procesos judiciales abiertos contra los periodistas, estos denunciantes utilizaron las instancias judiciales para proteger sus intereses y contribuir al desprestigio de la prensa contestataria. "A última hora. Denuncia del Diario del Hogar," Diario del Hogar, 1 de agosto de 1895, p. 3; "A última hora. La denuncia del Diario del Hogar," Diario del Hogar, 6 de abril de 1896, p. 3; "Gacetilla. Denuncia contra el Diario del Hogar," El Monitor Republicano, 7 de abril de 1896, p. 3; "Sobre la denuncia al Diario del Hogar", Diario del Hogar, 11 de abril de 1896, p. 3; Picos Pardos [Inocencio Arriola], "¿¿¿Libertad y Constitución????", Diario del Hogar, 15 de abril de 1896, p.; "Libertad de los Sres. José P. Rivera y Manuel Castro," Diario del Hogar, 16 de abril de 1896, p. 2; "A última hora. Acusación", Diario del Hogar, 17 de octubre de 1895, p. 3; "Gacetilla. Los redactores del Globo en Belem," El Monitor Republicano, 21 de marzo de 1896, p. 2; "Gacetilla. Sobre la denuncia del Globo," El Monitor Republicano, 8 de abril de 1896, p. 2; "Gacetilla. Prisión del Sr. Roumagnac", Diario del Hogar, 10 de diciembre de 1896, p. 2.

23 María del Carmen Reyna, La prensa censurada durante el siglo XIX. México: SEP, 1976, p. 10 (Sep-Setentas; 255).

24 Daniel Cosío Villegas, Historia Moderna de México. México: Hermes, tomo X, p. 259.

25 "Boletín del Monitor", El Monitor Republicano, 25 de marzo de 1896, pp. 1-2.

26 Diccionario Porrúa, historia, biografía y geografía de México. 3a. ed. México: Porrúa, 1971, t. 1, p. 78-79.

27 Diccionario histórico y biográfico de la Revolución Mexicana. México: Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 1990, t. V, pp. 149-150; t. VI, pp. 481-482.

28 Ibid., t. VII, pp. 471-472.

29 Ibid., t. II, pp. 27-30.

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