marzo 30, 2010

LAS CHICAS OTOMÍES SUPERPODEROSAS.

…Y LOS MOJOJOJOS SECUESTRADOS.

por Martín Vélez

Se llaman Alberta, Teresa y Jacinta, fueron encarceladas el 5 de Agosto de 2006. La versión oficial, que ya es verdad legal, pues fue avalada por el juez que condenó a dos de ellas a 21 años de cárcel,  dice que ellas solitas sometieron y secuestraron a seis formales, fieros, fornidos y ¿forrachos? elementos de la Agencia Federal de Investigaciónes.

Ellas son indígenas del estado de Querétaro, de una comunidad otomí  o ñañú. Dijeron los fortachones policías, y luego dijo el Ministerio Público y luego dijo el Juez que Teresa, Alberta y Jacinta (las chicas otomíes superpoderosas), las tres de muy baja estatura, las tres de constitución regordeta, desarmaron a los policías, los inmovilizaron y los privaron de su libertad, por supuesto que ilegalmente.  

La versión que dieron ellas ya no cuenta, al menos no contó para el juez. Ellas dijeron lo que dice todo el pueblo de Santiago Mexquititán, Querétaro: que llegaron al tianguis del pueblo unos quesque según ellos eran policías, quesque a buscar mercancía ilegal; pero iban vestidos de civil y no portaban identificaciones. Ese domingo de tianguis los policías habían aplicado la "Operación Rastrillo", que consiste en cargar con todo lo que les gustó, pisotear lo que no les agradó y quebrar lo que les pareció más o menos. Ya iban locos de contento los guardianes del orden y la ley, cuando una de las chicas otomíes superpoderosas cometió el grave error que hoy la tiene en la cárcel: les pidió su identificación, no la suya de ella, las de ellos.

…mmmm…es que, es que…es que se nos olvidaron, dijeron nuestros héroes mojojojos. Y entonces sucedió lo que suele suceder en esos casos: se alborotó la bitachera, como se dice en Sonora. O sea que el pueblo tianguero se alebrestó, rodeó a los policías, que no pudieron correr, porque iban bien cargados. Luego los privaron de la libertad de llevarse lo que se llevaban, y de la libertad de dejar así nomás  los destrozos de la mercancía pisoteada. Les pidieron el pago de setenta mil pesos; para ello retuvieron a uno de ellos, el que parecía ser el jefe de la banda, perdón, del escuadrón, hasta que los otros cinco regresaron con el pago de la mercancía destruida. Cuando pagaron sus desmanes, los "policías" se fueron con la cabeza gacha y la cola entrepiernada.

Pero semanas después llegaron por las tres indias ladinas que los habían secuestrado. ¿De qué superpoderes se valieron las chicas otomíes para lograr someterlos?...eso no pudieron explicarlo, pero ni falta que hizo. El juez es un hombre de buena fe, que representa a una institución de buena fe que es el poder judicial; se le presentó, al juez,  un caso de seis elementos de una institución de buena fe que es la Agencia Federal de Investigaciones, luego entonces ellos seis también son de buena fe, por lo tanto, lo que dicen debe ser cierto. Y si dicen que esas inditas menuditas y gorditas los secuestraron, pues así fue…"indias cabronas, a mí no me engañan con su aspecto débil e inofensivo", debió pensar el juez y ¡vóitelas!: veintiún años a la sombra. Eso es justicia…no pringaderas.

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