agosto 17, 2009

Raúl Ramos Zavala, ideólogo de la guerrilla urbana, 30 años después

pascal beltrán del río

La del 6 de febrero de 1972 era una mañana de cielo despejado en la capital. Nada había ese domingo que conmoviera a la ciudad, fuera del partido de futbol Atlante-Universidad. Tres jóvenes cuchicheaban en una banca del casi desierto parque México, en la colonia Condesa.
Avisados por alguien, los policías preventivos Sotero Tobón Zárate y Andrés Márquez Milán descendieron de su patrulla, la 314, y se dirigieron hasta donde conversaban los tres muchachos. Al ver venir a los agentes –narraría el parte policiaco--, dos de los tres jóvenes desenfundaron sus pistolas y dispararon sobre ellos. Márquez murió en el acto, mientras que Tobón, herido, alcanzó a sacar su arma y disparó en respuesta.
Otro agente, Diego Velázquez, quien supuestamente sólo pasaba por el lugar, disparó sobre uno de los jóvenes. Según el parte, éste estaba a punto de rematar a Tobón, quien se desangraba en el suelo.
El muchacho era Raúl Ramos Zavala, exmiembro de la Juventud Comunista, buscado por la policía por su participación en asaltos ocurridos en la Ciudad de México y Monterrey.
Herido de muerte, Ramos Zavala fue llevado en vilo por su compañero Jorge Alberto Sánchez Hirales, hasta que ambos fueron copados por la policía. Sánchez Hirales continuó disparando hasta vaciar el cargador de su Smith &Wesson.
Nacido en 1947, en Torreón, Ramos Zavala estudió Economía en la Universidad de Nuevo León y se involucró intensamente en las luchas de esa casa de estudios. Muy joven se adhirió a la Juventud Comunista (JC), dirigida entonces por Marcos Leonel Posadas.
En agosto de 1969, la organización envió a Ramos Zavala a la Ciudad de México, para hacerse cargo de la reorganización de estructura en la Universidad Nacional Autónoma de México, seriamente dañada tras de la represión al movimiento estudiantil de 1968.
Aunque era un cuadro cercano a la dirigencia de la JC, Ramos Zavala comenzó a inconformarse con la “rigidez” de los lineamientos de la organización y los de su casa matriz, el Partido Comunista Mexicano. Incorporado a la planta docente de la UNAM, como adjunto del economista Jesús Puente Leyva, Ramos Zavala desarrolló la idea –inspirado en la obra del guerrillero urbano brasileño Carlos Marighella— de que la lucha política legal necesitaba ir acompañada de un contingente armado que la protegiera de la represión. Y vendió esa idea no sólo entre estudiantes comunistas de la UNAM sino también entre miembros de la JC de otras partes del país, que compartían su inconformidad.


Para diciembre de 1970, las tesis de Ramos Zavala, plasmadas en distintos documentos –entre ellos, El Proceso Revolucionario— ya tenían un buen número de seguidores en la JC. Ese mes, la organización celebró un congreso, en Monterrey. El grupo de Ramos Zavala asistió con la idea de que la JC modificara su línea, pero fue aplastado por “maniobras de la estructura del partido”, según recuerda Joel Ortega, exmiembro de la Juventud.
Distanciado cada vez más de la ortodoxia comunista, Ramos Zavala abogó con sus seguidores por el desarrollo de una organización armada, cuyo primer objetivo sería la “autodefensa” de los movimientos populares.
Ramos Zavala sostenía que de no organizarse dicha autodefensa, los movimientos populares no tendrían futuro frente a la represión, recuerda Joel Ortega. “Nos van a cazar como moscas”, solía advertir Raúl.
La represión del Jueves de Corpus de 1971, que atestiguaron Ramos Zavala y sus compañeros, confirmó en ellos la idea de que la lucha política legal carecía ya de sentido. Pocas semanas después de ese 10 de junio, el grupo realizó su primera acción armada: El asalto a una terminal de camiones en Ermita Iztapalapa.
Parte fundamental de la estrategia del grupo –que era conocido como los Procesos, por el documento de Ramos Zavala—era la acción conjunta de distintos grupos armados.
Raúl, que para entonces ya era padre de un niño, viajaba frenéticamente por el país para establecer los contactos. Así, las primeras armas de los Procesos fueron provistas por el grupo del chihuahuense Diego Lucero, conocido como el Núcleo Central. Y un nexo importante se dio con un grupo de jóvenes cristianos, encabezado por Ignacio Salas Obregón y José Luis Sierra Villarreal, a quienes Ramos Zavala había conocido y tratado en Monterrey, y que habían llegado por otra vía teórica al camino de las armas.
En diciembre de 1971, varios grupos –entre ellos, los Procesos, el Núcleo Central, el Movimiento de Acción Revolucionaria y la guerrilla de Lucio Cabañas— planearon el asalto de la nómina millonaria de Petróleos Mexicanos. La acción no pudo llevarse a cabo y se optó entonces por realizar asaltos bancarios simultáneos en distintas ciudades.
Los asaltos, efectuados en Chihuahua y Monterrey, en enero de 1972 fracasaron, con un saldo de guerrilleros muertos, heridos y encarcelados.
Entre los sobrevivientes estuvieron Ramos Zavala y Salas Obregón, quienes consiguieron salir de Monterrey sin ser detenidos. Ramos Zavala pudo llegar a la Ciudad de México en tren y se ocultó por varios días en una casa de seguridad de la colonia Narvarte.
Su principal necesidad en esos días era recontactarse con lo que había quedado de la guerrilla, relata su esposa, Victoria Montes.
El 6 de febrero --cuatro días después de la muerte del líder guerrillero Genaro Vázquez, en Michoacán--, Ramos Zavala asistió a una reunión en el parque México. Se encontraría ahí con Jorge Alberto Sánchez Hirales, un exmilitante de la JC, de Mexicali, y con Heber Matus Escarpulli, estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, a quien el PCM había enviado a estudiar a Bulgaria.
Matus encabezaba una célula de apoyo a la guerrilla, conocida como los Tábanos, que aún no se incorporaba a la lucha armada. La idea de la reunión en el parque, explica Ramón Sosamontes, quien militaba en la célula, era que el grupo diera el paso a la guerrilla.
La rápida liberación de Matus y la aprehensión del resto de los Tábanos unas horas después –“mientras veíamos por televisión el Atlante-Universidad”, recuerda Sosamontes— han hecho aparecer a aquél como delator. “Incluso hay quienes creen que Matus entregó a Raúl”, dice el exdiputado perredista.
En todo caso, opina Joel Ortega, “la muerte de Raúl es un enigma”.
Estudiante de la Facultad de Economía en esos años, a Joel Ortega le tocó discutir con Ramos Zavala sobre la lucha armada. “Nunca estuve de acuerdo con ellos; se equivocaron gravemente”, dice, en relación con el grupo de Raúl. “Hay que reconocer la determinación y el arrojo de ese grupo, pero tenían una visión equivocada de la realidad y, sobre todo una nula preparación. Si no sabían manejar un carro, mucho menos un arma”.
Había temor de reclamar el cadáver de Ramos Zavala. Por intermediación de Puente Leyva y de Ifigenia Martínez, directora de la Facultad de Economía, las autoridades entregaron el cuerpo, que fue velado en una funeraria de la colonia San Rafael.
“Había seis personas en la funeraria, entre ellos Pablo Gómez y yo”, cuenta Joel Ortega. La Facultad de Economía puso una esquela en el periódico. Los restos de Ramos Zavala fueron trasladados a Monterrey.
Como sucesor de Ramos Zavala, a Ignacio Salas Obregón le tocó concluir su obra: la unificación de los grupos rebeldes, que culminó en Guadalajara, en marzo de 1973. No estaban todos los grupos, pero entre los fundadores de la Liga Comunista 23 de Septiembre –como se bautizó a la nueva organización— estuvieron Estela Ramos Zavala, la hermana de Raúl, y su esposo, José Angel García.
--¿Qué valor histórico tiene la vida de Ramos Zavala? –se le pregunta a Joel Ortega, quien hasta hace unos días asesoraba a Rodolfo Elizondo, actual responsable de comunicación de la Presidencia de la República.
--Yo creo que uno muy importante: Raúl era representativo de esta generación desgarrada, que no llegó a las armas como producto de la amargura sino de una concepción teórica, así haya estado equivocado. Raúl tenía futuro como economista. Era el alumno más brillante de Chucho Puente Leyva. De haber escogido otro camino, bien pudo haber sido secretario de Estado o algo por el estilo.

Reacciones:

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Sosamontes fue quien delato la presencia de Raúl Ramos a la policía, de las 4 personas que sabían de la reunión el único que no llego a ella fue Sosamontes. Quien fuera premiado por su traición con un puesto en el PRD.